El ambiente festivo de los carnavales

El diccionario explica que el origen probable de la palabra disfrazar es ‘borrar un rastro, despistar’, una definición que encaja a la perfección con el espíritu del carnaval, una fiesta guiada por la transgresión. De hecho, durante una semana, los papeles se cambian, las normas se vuelven más laxas y reina el desmadre. Y a pesar de que por carnaval las normas se pueden transgredir de muchas maneras, esconder el rostro detrás una máscara o jugar a ser otro con un disfraz son algunas de las más frecuentes.

Pero disfrazarse es un rasgo característico de todas las culturas del mundo y el ser humano lo ha hecho durante milenios por motivos muy diversos. Esto hace que sea complicado de explicar por qué nos disfrazamos por carnaval, una fiesta que ya de por si tiene un origen bastante incierto. Se sabe que es un ciclo festivo propio, que se rige por el calendario lunar y que probablemente en el antigor durara más que ahora. También se cree que podría ser una fiesta relacionada con el alargamiento del día y el despertar gradual de la naturaleza después del solsticio de invierno.

Una tradición milenaria

Además, se sabe que por estas fechas los romanos celebraban unas fiestas que se caracterizaban por la inversión y la transgresión: las Saturnales, las Lupecales y las Matronales. Y como el periodo grecoromano es considerado en muchos sentidos la base de nuestra cultura, muchos expertos sitúan el origen del carnaval en esta época. Sí que se sabe del cierto que en la Edad Media el cristianismo asimiló y adaptó la fiesta y la hizo encajar justo antes de la Cuaresma, un periodo de siete semanas antes de Pascua dominada por la abstinencia y la austeridad.

Así nació el carnaval tal como lo entendemos hoy: una fiesta que representa la sátira dirigida a la autoridad y de rotura de la monotonía de la vida cotidiana por medio del exceso y el desafío de las prohibiciones. En definitiva, un tipo de mundo a la inversa que no solamente muestra la otra cara de la cultura oficial, sino que tiene una vertiente más antropológica basada en la comicidad. Los disfraces y las máscaras son un símbolo del camuflaje y un medio para dejar de ser un mismo y actuar de manera relajada.

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